El silencio de la habitación se ve interrumpido por el suave ruido de un motor. Un brazo mecánico, articulado con una fluidez inquietante, se desplaza hacia los hombros. No se trata de una ilusión óptica ni de una película de ciencia ficción. Es en Pekín, en una instalación de cuidados robotizados inteligente presentada como la «primera del mundo», donde se desarrolla esta escena (DW). Allí se están probando robots humanoides para masajear y vigilar la salud de las personas mayores (DW). El gesto es suave. La tecnología, en cambio, es fría. Y, sin embargo, para muchos, es la única esperanza que queda.
¿Existe ya el robot que masajea a mamá?
En China, la realidad demográfica pesa mucho sobre los hombros de las familias. El país cuenta con aproximadamente 320 millones de personas mayores (ZDFheute, DW). Ante esta cifra colosal, se instala de forma duradera una escasez de personal sanitario cualificado (DW). Las familias están agotadas. Es en este vacío donde la robótica y la inteligencia artificial se consideran tecnologías clave para responder a la creciente demanda de cuidados (DW).
En Pekín, los visitantes observan estas máquinas. Algunos se sienten incómodos en presencia de estos seres que se parecen a los humanos (DW). La mirada está apagada, el movimiento es repetitivo. Pero para una hija que trabaja al otro lado de la ciudad, o para un hijo que no puede liberarse, este robot representa una presencia. No juzga. Masajea. Vigila. Según expertos en cuidados, los robots aún no pueden sustituir los cuidados y la atención humana (ZDFheute, DW). Pero pueden aliviar.
El robot de cuidados no es una excepción. ¿Y si mañana su madre tuviera un asistente que le compruebe la tensión, que le recuerde sus medicamentos y que le dé un masaje en la espalda después de la cena? El miedo a la intrusión se mezcla con la gratitud. Es esta mezcla compleja la que define esta nueva era.
¿Irán los robots a los hogares en Alemania?
Mientras China prueba los robots con los mayores, Alemania los reserva para la fábrica. Pero la frontera se difumina. Alemania se sitúa en el 5.º puesto mundial y en el 1.º puesto europeo en el ámbito de la robótica, tanto como desarrollador como como cliente (ZDFheute). Aquí, la lógica es industrial. Falta mano de obra. Los robots humanoides se ven como la solución.
BMW está probando robots humanoides en su fábrica de Leipzig, donde están encargados del transporte de módulos de baterías pesados en una fase avanzada de prueba (ZDFheute). Estas máquinas no masajean. Levantan. Transportan. Según una encuesta de Bitkom, el 6 % de las empresas industriales alemanas utiliza actualmente robots humanoides y un 10 % adicional prevé su despliegue (ZDFheute). Aún no es la masa. Pero es la señal.
Las cifras suben. Según Ulrich Stephan, jefe de la estrategia de inversión particular de la Deutsche Bank, las entregas mundiales de robots humanoides podrían alcanzar aproximadamente 20 000 unidades en 2025, más de un millón a finales de la década y más de diez millones a mediados de la década siguiente (ZDFheute). China suministra más del 90 % de los robots humanoides a escala mundial (ZDFheute). Alemania compra. Alemania prueba. Alemania integra.
Las empresas ven en ello un futuro productivo. Según Marlene Kionka de Bitkom, el 58 % de las empresas industriales considera los robots humanoides como una solución a la falta de mano de obra cualificada y el 68 % espera una reducción de los accidentes laborales (ZDFheute). Según otra parte de la encuesta, el 64 % de las empresas espera que los robots humanoides hagan la industria más productiva (ZDFheute). Pero el tiempo de adopción es largo. Muchas empresas estiman que la tecnología de los robots humanoides no se generalizará hasta dentro de diez años como muy pronto, y más del 50 % la prevé en 11 a 20 años (ZDFheute).
¿Y si el robot nunca sustituye al humano?
Hay una línea que no se cruza. O al menos, no todavía. Los robots en Pekín masajean. Los robots en Leipzig transportan. Pero ninguno consuela. Ninguno entiende el dolor de una pérdida. Los expertos lo dicen: la atención humana sigue siendo insustituible (ZDFheute, DW). El robot es una herramienta. Una herramienta muy avanzada, muy precisa, muy disponible. Pero una herramienta.
Imagine la escena. Su madre está sola. El robot entra en la habitación. Ajusta la luz. Comprueba su pulso. Le ofrece un masaje. Ella cierra los ojos. No ve la máquina. Siente el movimiento. ¿Cuenta eso? ¿Cuenta más el gesto que la intención? Para los 320 millones de personas mayores en China, la respuesta podría ser sí. Para las familias francesas, la pregunta sigue abierta.
China prueba. Alemania industrializa. El mundo observa. Los robots humanoides ya no son una promesa lejana. Están ahí. En las fábricas. En los centros de cuidado. Y pronto, quizás, en los hogares. Sus brazos son fríos. Pero su presencia, en cambio, es cálida. ¿Y si, mañana, fuera su turno de elegir?

